domingo, 24 de enero de 2010

ESTO SÍ QUE ES "MEMORIA HISTÓRICA"


La historia da la razón a Almería. Fuimos Al-Andalus (que no Andalucía) y fuimos Reino de Granada (junto con la provincia del mismo nombre, además de Málaga y parte de Jaén). Le dijimos que no a Blas Infante en la Asamblea de Córdoba de 1933 en la que se constituyó el actual mapa andaluz. Y también votamos no en el dichoso 28 de Febrero de 1980, que nos obligan a celebrar todos los años...

Mientras preparaba un documento sobre dicho 28-F, me topo con la siguiente reliquia: CARTA FIRMADA POR EL AYUNTAMIENTO DE ALMERÍA EN 1933 en las cuales exponen sus pretensiones a defender en LA ASAMBLEA DE CÓRDOBA (sí. La de Blas Infante: el que dicen que es "nuestro padre").

Lean atentamente. No tiene desperdicio:

A LA ASAMBLEA

La Comisión especial designada por el Excmo. Ayuntamiento para estudiar y emitir dictamen sobre la forma, extensión y límite con que debe constituirse la Mancomunidad andaluza, como base para la redacción del correspondiente estatuto orgánico de esa entidad, ha procedido al estudio del asunto sometido a su deliberación y como resultado de la labor realizada tiene el honor de proponer a la Asamblea las siguientes conclusiones:

. Las provincias que forman hoy la región andaluza se distribuirán en dos zonas o regiones que por su situación geográfica respectiva recibirán las denominaciones de Andalucía Occidental y Andalucía Oriental.

. Formarán la zona occidental las provincias de Córdoba, Sevilla, Cádiz y Málaga y la oriental las de Granada, Jaén y Almería, con el territorio que actualmente la forman.

. La provincia de Huelva se agregará a la región de Extremadura, aceptando así los propósitos manifestados por los órganos representativos de esa provincia; aunque lamentando la segregación, que priva a Andalucía de una parte de su territorio, de su población y de su riqueza.

La Comisión podría razonar su propuesta con una sencillísima y fundamental observación, a saber, que esa propuesta contiene el pensamiento y la aspiración de la provincia almeriense; y tratándose, como se trata, de un asunto en que la opinión popular tiene voto decisivo, es indudable que al lado de esa opinión y de conformidad con el pensamiento y el propósito que les alientan, deben ofrecerse por todos los organismos de Almería los términos de solución al problema planteado.

Pero además es conveniente y obligado consignar, por añadidura que la opinión almeriense no se ha mostrado en ese sentido ni ha expresado esa aspiración por mero impulso instintivo, por movimiento espontáneo e irreflexivo de su voluntad, ni siquiera por móviles o estímulos meramente espirituales o románticos o exclusivamente ambiciosos o egoístas; sino en virtud de una firme convicción, serenamente preparada y hondamente sentida, la cual han contribuido, en resumen, en la proporción debida, la geografía y la historia, la conveniencia y el amor, los intereses materiales y los vínculos del espirita y la defensa, el amparo y el fomento del comercio, de la industria y de la agricultura: el trazado y desarrollo de las vías de comunicación, la forma, la potencia y el objetivo de los medios de transporte, la producción, el consumo, todo, en fin, lo que constituye la vida de un pueblo, todo lo que puede inducirle a la unión, a la comunidad con otros pueblos amigos y vecinos, sin el temor de que por falsedad de los principios inspiradores del proyecto o por error del procedimiento elegido para realizarlo, la unión resulte efímera y la comunidad infecunda.


Carta a la Asamblea. Parte 1 (pinchar para ver en mayor tamaño)

Descendiendo ahora a detallar desde luego sin prolijidad enojosa, los motivos específicos que abonan la propuesta formulada, conviene, ante todo, señalar una de carácter meramente espiritual en cuanto a su naturaleza, pero de amplias y generosas derivaciones en la vida práctica de los pueblos: nos referimos a la atracción, reverencia y amor que la Universidad de Granada - alma mater de las tres provincias hermanas - inspira a todos los pueblos y a todos los habitantes de su gran territorio. La gran escuela granadina, tan fecunda, tan sabia, tan generosa y tan simpática, ha irradiado la luz de sus enseñanzas y esparcido los prestigios de su sabiduría y enaltecido la veneración de su gloriosa ancianidad por todos los ámbitos de la región que se propone: decir Granada, en Jaén y en Almería, es decir madre, y con decir madre, ya está dicho cuanto hay en ella de nobles abnegaciones y de máximos respetos, y cuanto hay en los hijos de profundas gratitudes y de amorosas reverencias.

Pero además Granada, sin invocar ahora su glorioso pasado artístico y la riqueza de sus monumentos inmortales, que hacen de ella una joya y un museo, Granada es por su situación en las estribaciones de la poética Sierra Nevada y por el caudal de sus ríos, cuya poética prestancia no quita nada a la utilidad de sus corrientes, Granada, repetimos, posee una gran riqueza de aguas, en contraste para nosotros doloroso con la pertinaz y ruinosa sequía de nuestros campos abrasados por el sol. Y he aquí como sobre esta base, sobre aquella abundancia y esta escasez puede aspirarse mediante una distribución equitativa, racional, científica, fraternal, en suma, a dotar holgadamente a ambas provincias de ese formidable elemento, sin el cual la agricultura y la industria, y por lo tanto el comercio no pueden extenderse más allá de una producción modesta, tal vez miserable, que convierta las jornadas del trabajo, por duras por vibrantes que sean, en labor infecunda, triste, desconsoladora.


Carta a la Asamblea. Parte 1I (pinchar para ver en mayor tamaño)

Bastará con recordar el problema de las aguas que conducen los ríos Castril y Guardal, cuyo trasvase, mediante la equitativa distribución de que antes se habló, podían de una parte dotar abundantemente los campos de Huéscar, Cullar Baza y los demás de aquella hermosa provincia y llevar a la zona Levante de la nuestra - Huercal-Overa, Cuevas del Almanzora, Albox, Vera, Antas, etc. - un elemento de producción y de riqueza de valía tan alta y de aplicación tan adecuada y fecunda, que sus resultados se ofrecerían a los habitantes de aquellas villas con todas las apariencias seductoras de un sueño.

Otro tanto puede decirse de las comunicaciones y medios de transporte entre ambas provincias: en la línea del ferrocarril, Guadix, Moreda y Granada, se enlazan directamente con nuestra ciudad: otra red pone en comunicación a ésta con Serón, Tíjola, Purchena, Huercal-Overa y a estos pueblos con Baza, Caniles y los demás de situación análoga.

Amplias carreteras, actualmente dotadas de pavimentos admirables, comunican a nuestra Ciudad y a los pueblos del Poniente de la provincia con la famosa y pintoresca región de la Alpujarra, desde Cádiar hasta Lanjarón y con las playas del litoral granadino desde la Mamola hasta Motril.

La provincia de Jaén es por dicha suya una de las más ricas de España; tal vez la primera en producción agrícola por la feracidad de su suelo, por la intensidad de su cultivo, por la utilidad de sus productos - cereales y aceites de la más alta calidad - por la potencia y fecundidad de las industrias derivadas de la agricultura, por la ordenada y directa acción de sus labores, por la aptitud y aplicación de sus obreros y por las iniciativas fecundas de sus propietarios. El mercado de trigo, cebada y aceite que esa provincia ofrece, es sencillamente espléndido y no se hace mención de su ganadería porque la tracción mecánica ha quitado importancia a esta producción, en otras épocas de tan alta utilidad y de tan múltiples aplicaciones.

Pues todavía la provincia de Jaén ofrece otra gran riqueza digna de especial mención, la riqueza minera. Puede afirmarse que el subsuelo es tan productivo como el suelo: Linares, Bailén y la Carolina, acusan una producción de minerales, especialmente plomos, que pese a todas las dificultades que actualmente ofrecen los mercados, representa una inmensa riqueza.


Carta a la Asamblea. Parte 1II (pinchar para ver en mayor tamaño)

El ferrocarril de Linares a Almería, como indica su misma denominación y confirma su trazado, se construyó con el objeto fundamental, aparte otros secundarios, de que el Puerto de Almería fuera el de Linares, que los productos mineros de aquella gran zona fueran transportados por esa línea a nuestra capital y exportados por nuestro Puerto a los mercados extranjeros. Y sin embargo, una larga y triste experiencia nos ha demostrado que ese propósito no ha logrado realización. Almería no es el puerto de Linares: como si no se hubiera construido nuestro ferrocarril, Linares signe enviando sus productos al puerto de Málaga, y lo mismo sucede con Bailén y con la Carolina.

La propuesta que tenemos el honor de formular creemos que debe llevar consigo la realización de ese ideal sentido durante tanto tiempo y todavía no consagrado en la práctica. Y lo mismo puede y debe afirmarse de la gran riqueza agrícola de aquella provincia.

En general este es el punto de vista fundamental de nuestro informe y seguramente lo será de la deliberación y acuerdo de la Asamblea: Almería ofrece a las provincias hermanas, aparte la invitación a una comunidad espiritual, perfecta, íntima, cordialísima, ofrece, repetimos, su puerto, este magnífico puerto de amplios muelles, de espléndida bahía, de hondo calado, dotado en fin de todos los medios adecuados para servir de centro a una gran expansión comercial. Enlazado con la estación del ferrocarril por la vía marítima, el puerto de Almería, que tal vez no tiene rival en el Mediterráneo, puede ser y debe ser para las tres provincias un emporio de riqueza. La triste soledad y el angustioso silencio que ahora reinan en él, salvo la época de la exportación de la uva, debe trocarse por la alegre y fecunda algarabía de las naves que recojan en sus muelles y trasladen a los muelles extranjeros sobre la superficie risueña de los mares, todos los productos de la agricultura, de la industria y del comercio de las tres provincias hermanas.


Carta a la Asamblea. Parte 1V (pinchar para ver en mayor tamaño)

Una observación para terminar. La propuesta de excluir a Málaga de la zona oriental que se trata de constituir, no aplica animadversión para aquella gran ciudad, ni siquiera olvido de sus grandes merecimientos. Málaga es una ciudad magnífica, risueña, alegre, hospitalaria, simpática, digna de su prosperidad creciente y de las bellezas y encantos que atesora. Almería lo reconoce así, lo declara así y así proclama la admiración sincera que le inspira aquel gran pueblo.

Pero los intereses de Málaga no son los de Almería: hay más, a veces se han producido si no incompatibilidades propiamente dichas, si no rivalidades más o menos encubiertas, por lo menos alguna contradicción, alguna oposición de aspiraciones, de conveniencias, de propósitos. Bastará recordar las producidas, aun existentes con motivo de la organización de las comunicaciones entre la Península y las posesiones españolas del Norte de África.

Y como dijimos al principio que la unión propuesta debe aspirar a ser permanente, evitándose que errores de constitución o de procedimiento le conviertan en efímera o en infecunda, reiteramos nuestro propósito de reducir a Granada, Jaén y Almería las provincias que deben constituir la Mancomunidad que se trata de formar ahora. No vamos contra radie, vamos a favor de los que pueden y deben vivir en el mismo hogar, en paz inalterable, en amorosa convivencia, sin recelos de reyerta próxima y a la larga de divorcio. Una elemental previsión aconseja como más prudente, que romper el vínculo, desistir de establecerlo. Pero nuestro criterio no lo dicta ninguna mala pasión: recordamos y practicamos aquella máxima de Gracián "Ni el odio ni la lisonja son cristales fieles".

Casa Consistorial de Almería, a 24 de enero de 1.933.

FIN


Carta a la Asamblea. Parte V (pinchar para ver en mayor tamaño)

Efectivamente. Este documento cumple hoy mismo 77 años, y es una de las muchísimas pruebas irrefutables de que la hermanación existente entre Jaén, Granada y Almería no es fruto de la casualidad. Ya existieron intentos más que serios de formar una Región entre estas tres provincias (hoy día a la sombra del gobierno de la Junta y sus tópicos "andaluses"), y ya es hora de hacérselo saber al pueblo del Sureste.

En próximas entregas de ¿Por qué dejé de ser andalucista? analizaremos lo ocurrido en esa Asamblea de Córdoba y quién fue realmente ese "padre de la patria andaluza",el señor Infante.

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