lunes, 11 de enero de 2010

PROMESAS DEL ESTE. LADRONES DEL OESTE

Hoy estoy muy emocionado porque, por primera vez, voy a escribir un post que será publicado en mis dos blogs. Y es que, para l@s que conocen “Diario búlgaro / Al sur del Danubio” sepan que desde estas navidades tengo un nuevo blog que también cuenta con doble título. “Almería en la sombra” o “¿Por qué dejé de ser andalucista?” se podría definir como un blog divulgador, romántico y reivindicativo de la Comunidad Autónoma de Almería (sí, “Comunidad Autónoma”. Lo he escrito bien. Ya he avisado que se trata de un blog reivindicativo).



Una de las charlas que nos dieron en el Encuentro de Formación a la Salida del SVE fue ofrecida por un ex-voluntario gaditano en Alemania. Nos contaba que cuando volvía a su pequeño pueblo, para ahorrarse el agobio de tantas preguntas por parte de sus paisanos, optó por contarles justamente lo que ellos querían oír de su experiencia en Hamburgo: cervezas muy grandes, salchichas muy gordas y “como se come en España, no se come en ningún sitio”.

Al ser Bulgaria un país más desconocido, yo no lo estoy teniendo tan fácil como él. Y, por otro lado, mi conciencia me impide llegar a España y contar que Bulgaria solo son tías buenas, ciudades decadentes y “como se come en España no se come en ningún sitio”.

Aún así, mi llegada a los Balcanes hace más de 3 meses no pudo evitar ser influenciada por algunos tópicos sobre Europa del Este. Y desde que me monté en ese vetusto tren que me llevó de Sofía a Gorna Oriahovitsa no paré de corroborar que, efectivamente, me encontraba al otro lado del Telón de Acero.

Pero como ya escribí en "Prejuicios e ignorancias", antes de criticar al recién conocido lugar, es preferible hacer una autocrítica del tuyo propio. Lo mismo uno se da cuenta que no somos esa potencia mundial que nos quieren vender...

Bulgaria es una tierra de contrastes. Hasta ahora mismo me negaba a usar esta expresión, ya que opino que “tierra de contrastes” debería ser una marca registrada para Almería. Pero en este caso, no me refiero a los paisajes -en Bulgaria no se encuentra nieve, desierto y playa tan fácilmente- sino a las estampas de la vida cotidiana que te hacen ver cómo este país ex-soviético avanza alternando pasos agigantados con tímidos saltitos.

Son estampas que veo al cruzar la calle por un paso de peatones y observar dos coches parados ante el semáforo. Uno es un viejo Lada ruso. El otro es un flamante monovolumen alemán con el logo de Mercedes.

Exactamente lo mismo ocurre en las estaciones de ferrocarril. Así, la acción de tomar un tren viene acompañada de la incertidumbre de saber si te montarás en un vagón de finales de los '70 o en una moderna máquina a la que más quisiera parecerse algún que otro “Andalucía Express”. En los tranvías de Sofía también se mezcla lo antiguo con lo moderno. Y es que en Bulgaria la filosofía es renovarse o morir... pero no matar. Es decir, comprar lo nuevo pero no tirar a la basura lo viejo -y más, si sigue funcionando-.



Por cierto, sobre los tranvías de Sofía: trenes ligeros, rápidos y útiles. No como el de Sevilla: aparatoso, lento e inútil. Vaya... no pretendía hablar de otro lugar de España que no fuera Almería, pero como los almerienses no tenemos tranvía, ¿verdad? Bueno, lo cierto es que que la red tranviaria del sur de España está empezando a fraguarse justo ahora, y se presume que la capital almeriense contará en el futuro con este medio de transporte. Yo sólo espero que mis nietos lo disfruten... Así como espero que los hijos de mis hijos puedan ver algún día un nuevo tramo de vía férrea en esta provincia. ¡Mira! ¡Ya no veo tanta diferencia entre Bulgaria y España! En Sofía conservan los mismos trenes de hace 30 años y en Almería tenemos las mismas vías desde 1899.

Os aseguro que “1899” no ha sido un error al escribir con el teclado: mil ochocientos noventa y nueve. En Almería no se crea un tramo ferroviario nuevo desde hace ciento once años. De hecho, por aquellos años se clausuró el tren minero de Rodalquilar y, durante los primeros años de la dictadura de la Junta de Andalucía -que en Almería está siendo más grave que la de Franco. El caudillo al menos nos hizo un aeropuerto- se cerró la línea férrea entre Guadix (Granada) y Almendricos (Murcia), incomunicando Almería con el levante. En materia de trenes, esta tierra ha ido para atrás en vez de para adelante.

Y yo me pregunto: ¿dónde dicen que se levantó un muro entre oriente y occidente? ¿En Berlín o en Antequera?

¡Cuántas veces me ha pasado que he confundido las palabras “Almería” y “Alemania” al escribir con el ordenador! La comparación es delicada y -como todas- odiosa: pero la República Democrática y la República Federal de Andalucía existen. Definitivamente España también es una tierra de contrastes y en Andalucía sí que hay un telón de acero.

Volví a casa por Navidad, el mismo 24 de diciembre. Tras pagar 3 levas de taxi (1'5 euros), me presenté en la grande y eficiente estación de ferrocarril de Gorna Oriahovitsa: veinticuatro horas abierta y en constante rendimiento.



Cogí uno de los varios trenes que conectan a este pueblo de 35.000 habitantes con la capital de Bulgaria. El trayecto es largo, las vías atraviesan zonas bastante montañosas y los trenes son algo lentos... Aún así, el viaje no superó las 4 horas.

Sofía no es como Madrid, y el metro no llega hasta el aeropuerto. Así que tomé dos autobuses urbanos por valor de 1 leva (0'50 euros) cada uno para llegar a la terminal 1 del aeropuerto búlgaro. De todas maneras, seré sincero: no pagué el segundo autobús. Demasiada confianza tienen los búlgaros y demasiado ladrones somos los españoles.

Ignoraré el trayecto aéreo Sofía-Madrid para situarme directamente en Barajas. Eran casi las diez de la noche y, maleta en mano, me planté en los accesos al metro que hay en el aeropuerto madrileño encontrándome con la sorpresa de que no estaban abiertos... Era Nochebuena, habían cerrado a las 8 de la tarde. Viéndome obligado a coger un taxi, conocí a una mujer sudamericana y a una pareja madrileño-catalana con los que compartiríamos el vehículo. Era Nochebuena, fueron 6'80 euros de suplemento. Llevábamos maletas, otros 6 euros. Precio final del trayecto: 42 euros.

Esto sí que fue un robo y no lo que dicen que hacen las mafias rumanas y búlgaras.

El taxi nos dejó en Puerta del Sol. Como era compartido, ese fue el destino elegido democráticamente por lo cuatro. Pero a mí se me echaba el tiempo encima, ya que había dos autobuses que viajaban hasta Almería esa noche y uno de ellos ya lo había perdido. Así, tomé un segundo taxi para la Estación de Méndez Álvaro. No estaba muy lejos, el taxista no me engañó -será que era latinoamericano y no español- y el contador no marcó más de 9 euros... Pero pagué casi 16. Lo había olvidado: era Nochebuena -suplemento de 6'80 euros-.

Cuando llegué a la estación, esta se encontraba en el mismo estado que las bocas del metro: cerrada a cal y canto. Desde las nueve de la noche, ningún autobús saldría de allí hasta el mediodía siguiente. España es así, ¿verdad? La fiesta es sagrada y de trabajar mas bien poco.

Si desde hace unos años he estado perdiendo el espíritu de la Navidad, en ese momento lo estaba empezando a odiar. Mi Nochebuena la pasé así: en un hostal frente a Atocha y con cerca de 70 euros menos en los bolsillos -los 40 del propio hostal y lo que me gasté entre taxis y suplementos-.

Me había acercado a la estación de tren después de que mi padre me informara de los horarios para Almería. Os recuerdo que era Navidad, que esto no es Bulgaria, y, por tanto, Almería no es Gorna Oriahovitsa... Almería es mucho peor.


A diferencia de las numerosas conexiones Gorna-Sofia y viceversa, de Madrid a Almería solo había un tren. Un único y miserable tren que saldría a las 3 y media de la tarde para llegar a mi tierra seis horas después. ¿Por qué tanto? Porque Almería es Andalucía Oriental, y no Occidental. No tenemos AVE ni Euromed. De hecho, conservamos uno de los dos Talgos que aún recorren las vías españolas -junto con el que une a Madrid con Extremadura-. Y, por último, y como ya he dicho antes, la línea Linares-Baeza-Almería tiene más de 100 años y los trenes no pueden tomar velocidades muy altas en ese trayecto. De hecho, por la provincia de Almería circulan los vagones más lentos de España, junto con la de Badajoz -¡solidaridad también con el pueblo extremeño, cojones!-.

De todas formas, algo se está haciendo mal en este país (que es España) y en esta Comunidad Autónoma (que se llama Andalucía) cuando sólo El Ejido genera más riqueza que toda Cáceres y Badajoz juntas. ¿Qué hacen estos políticos con nuestros impuestos?

Era un clamor en esas 6 horas de viaje. Un hombre mayor estaba sentado a mi misma altura, pero al otro lado del pasillo. Le estaba dando la tabarra a un joven almeriense que sólo respondía con tímidas sonrisas. Yo le presté toda la atención del mundo. Fue mi máxima fuente de información sobre todo esto que estoy escribiendo aquí y que ya había leído anteriormente en ciertas webs y blogs pro-Almería y pro-Andalucía Oriental.

Yo cogería a todos los Ministros de Fomento que ha habido en España y los subiría en el tren de Almería para que se bajaran en Linares-Baeza. Les daba un bocadillo y una Coca-Cola y otra vez p'Almería”. Decía este hombre. En aquella lluviosa tarde, una gotera inundó el acceso entre nuestro vagón y el siguiente. La indignación de este hombre -y la mía- aumentaba por momentos: “¡claro! Como en Almería nunca llueve, habrán dicho este tren pa los almerienses ¿Es que somos gilipollas o qué?”.

Dentro de todo lo malo, el Talgo no sufrió ningún tipo de retraso, y a las 21:30 horas llegué a la capital almeriense. Mi sensación fue la de un guiri que va deshaciendo mitos nada mas llegar a un lugar extranjero. En la provincia con el índice de lluvias más bajo de Europa estaba cayendo un gran chaparrón -y llevaba cuatro días así-. Y en la presumiblemente moderna, desarrollada y occidental España, me llevé una imagen que hizo rondar en mi mente una conocida palabra: decadencia.



La estación de ferrocarril de Almería está compartida desde hace 9 “provisionales” años con la de autobuses mientras se planea rehabilitar el antiguo edificio, el más bonito que han visto mis ojos. Pero allí no había obras. Ni siquiera hay proyectos de las mismas. Solo hay estudios informativos que nunca se aprueban -papel mojado-. Sólo dejadez y abandono.

El Cable Inglés, esa obra de ingeniería diseñada por la escuela de Gustavo Eiffel -el de la Torre-, se pudre entre el óxido mientras que un viejo cartel con el logotipo de la Junta de Andalucía reza que es un “bien de interés cultural”. Más dejadez. Más decadencia. Más Almería.

Mi padre me recogió en coche y abandonamos la ciudad rumbo a El Ejido por la vieja entrada de Pescadería mientras me preguntaba ¿de verdad estoy en la octava potencia mundial? Al día siguiente me senté frente al portátil con dos objetivos claros: el primero, fundar el blog “¿Por qué dejé de ser andalucista?”. Y el segundo -y tras mi accidentado viaje-, comprar un vuelo de Almería a Madrid aprovechando una de las mejores infraestructuras de comunicaciones que tenemos: el aeropuerto -¿he dicho ya que lo inauguró Franco en 1968?-.



Mis vacaciones transcurrieron como todas: a veces intensas y a veces aburridas. Pero se hicieron cortas, en definitiva. Así pues, el sábado 9 de enero me planté por primera vez en mi vida en el aeropuerto de El Alquián. Para mi sorpresa, el pequeño edificio que había visto en las fotos ya no está, y ha dado paso a una nueva, amplia y moderna terminal de pasajeros.

Por unos segundos creí en Almería, o mejor dicho, creí en los gobiernos y en su trabajo por mi provincia, porque lo que se dice “creer” en esta bendita tierra -como diría Manolo Escobar- yo siempre he creído. Pero aquello fue un espejismo: tras un amague de embarque y un retraso de dos horas, la megafonía nos anunciaba que el vuelo sería finalmente cancelado hasta el día siguiente.

La sensación entre los pasajeros fue idéntica a la que viví dos semanas antes en el Talgo. “¡Esto tenía que pasar en Almería!” Gritaba uno. “Es que Almería es la mayor mierda que hay”, le decía un chaval por teléfono a su madre. La ventanilla de Ryanair no daba abasto para recoger tanta reclamación junta: hubo madrileños que se vieron obligados a pernoctar una noche más en Almería sin opción de tomar un autobús o el dichoso tren -todas las localidades suelen agotarse el día de antes-. Y sobre las numerosas escalas perdidas mejor no hablar: una familia gallega no llegó a Santiago, una estudiante de Erasmus no pudo tomar su vuelo a Praga,... Y un servidor tuvo que cambiar, in extremis, el vuelo hacia Sofía.

Veintiocho horas después, y después de otras dos horas de incertidumbre acerca de si volaríamos o no, los pasajeros del 5385 de Ryanair subimos a la aeronave. Cuando cruzábamos la pista, vi un pequeño avión con el sello de Iberia y el de Air Nostrum. En él se podía leer también la inscripción “regional”. No tuve ninguna duda: se trata del aparato que cubrirá la nueva ruta aérea Almería-Sevilla. Esa ha sido la solución adoptada por la Junta de Andalucía para aliviar los problemas de comunicaciones en Almería: ponernos un vuelo con la capital hispalense. Está claro que estos políticos del Palacio de San Telmo no se enteran de nada... Almería reclama mejores conexiones con Madrid, con Barcelona y con el levante. Sevilla no nos interesa.

Parece increíble que esto lo esté escribiendo yo, que he vivido tres años en Sevilla. Precisamente es por eso: porque conozco muy bien el trayecto en tren entre Almería y la ciudad de la Giralda -que, por cierto, tarda cinco horas y media- y tanto en un sentido como en otro, los vagones suelen vaciarse en Granada. Está claro: Almería no demanda ir a Sevilla, ni Sevilla demanda ir a Almería.

Por otro lado el avión Almería-Sevilla será el primer vuelo intrarregional de la historia de la navegación aérea en España. ¿Hay una razón más evidente de que Andalucía es demasiado grande como para ser viable?



El domingo por la noche aterricé en una blanca ciudad de Madrid, y me alojé en Tres Cantos desde donde escribo esto, y en donde estaré hasta tomar el vuelo a Sofía -que, debido a estas nevadas, me temo que esta historia aún no ha acabado-. Dentro de mi mala suerte, mi prima de Huesca -que reside en Madrid desde hace un tiempo- me abrió las puertas de su apartamento.

Cuando le contaba lo accidentado de mis dos viajes, en los que el principal escollo ha sido la llegada a/desde Almería, mi prima afirmó “¡es que Almería es el culo del mundo!”. Ante tal expresión, yo suelo tener una respuesta preparada “¡pues vaya culito más bonito que tiene el mundo!”, sin embargo esta vez no tuve más remedio que agachar la cabeza y decir “sí, es que... ¡manda huevos!”.

Almería no está tan lejos. Hacen que esté lejos. Es tan desconocida e ignorada como Bulgaria. Tiene una doble deuda histórica: la de España con Andalucía, y la de Andalucía Occidental con Andalucía Oriental. Y esa es una barrera para el desarrollo tan dura como la de los años de dictadura comunista en los países del Este.

El clamor de sus gentes se vive en los trenes, en las puertas de embarque, en los bares,... Te lo cuentan los taxistas, lo lees en los periódicos locales. Pero al final el ruido no es suficiente y seguimos donde estamos.

Yo sólo me pregunto, ¿por cuánto tiempo?

1 comentario:

  1. Respondiendo a la pregunta final: ¿Por cuanto tiempo? pues te puedo responder yo.
    Hasta que no seamos miles como tú.

    Yo también me acorde la puñetera red ferroviaria cuando para ir de Barcelona - Almería tarde 14 horas y media, pasando por Alcazar de San Juan.

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