jueves, 25 de febrero de 2010

28 DE FEBRERO: LA VERDADERA HISTORIA (parte II)

No hace falta irse siglos atrás para ver un mapa de España distinto al actual. Basta con coger un libro de geografía de nuestros padres y veremos regiones distintas a las que estamos acostumbrados hoy día.

Tras la muerte de Francisco Franco en 1975 se inició un proceso de transición a la democracia por el cual quedaron legitimizados, entre otras cosas, los procesos de autogobierno. Comienza a forjarse la España de las autonomías, y las regiones del País Vasco y Cataluña fueron las primeras en redactar sus estatutos.

Las nuevas comunidades autónomas fueron surgiendo, por un lado, de las regiones ya existentes, como fueron los casos de Galicia, Asturias, Aragón, Comunidad Valenciana,... Pero por otro lado, aparecieron nuevas autonomías, como Cantabria o La Rioja, nacidas a raíz de que las provincias de Santander y Logroño decidieran segregarse de Castilla La Vieja.

Precisamente, Castilla La Vieja fue la protagonista de otro de los significativos cambios en el mapa de España al unirse -incomprensiblemente- con la región de León (provincias de Zamora, León y Salamanca) formando la grande e inviable comunidad autónoma de Castilla y León.

Por su parte, Castilla La Nueva perdió a Madrid, que se erigió como Comunidad del mismo nombre, pero ganó a Albacete, la cual hasta entonces había sido parte de Murcia. La más que nueva Castilla pasó a denominarse Castilla-La Mancha.


Y nos queda Andalucía... Las ocho provincias del sur de España fueron la tercera comunidad autónoma en dibujarse en el nuevo mapa democrático español. Meses después de que País Vasco y Cataluña aprobaran en sendos referéndums sus estatutos de autonomía, los políticos de la todavía no oficial Junta de Andalucía promovieron a toda prisa la votación popular del invento andaluz.

La principal diferencia entre Andalucía y las autonomías vasca y catalana era muy clara: en el País Vasco y en Cataluña se daba por hecha una voluntad de autonomía entre su población; en Andalucía, no. Así, lo que vascos y catalanes votaron fue la aprobación de un texto: el estatuto. Mientras, los andaluces se disponían a votar si querían o no el autogobierno.


El 143 y el 151.

Desde Sevilla (donde ya se frotaban las manos para ser la capital de la nueva comunidad) se habían proyectado dos caminos legales para alcanzar la autonomía: la del artículo 151 y la del artículo 143 de la Constitución Española.

El 151 era la vía más directa para los intereses pro-andalucistas: si en cada una de las 8 provincias andaluzas la mayoría votaba "sí" siendo el porcentaje de participación mayor del 50% del censo de votantes, se legitimaba la comunidad autónoma de Andalucía. De no ser así, y basándose en el artículo 143, habría que esperar 5 años para una nueva votación.

Si algo ha caracterizado a los andaluces pro-Blas Infante son las prisas. El dichoso "Padre de la Patria Andaluza" convocó una fracasada asamblea en 1933 por la cual había que sacar adelante la Andalucía de las ocho provincias sí o sí (pasará a la hitoria por su frase "hay que residenciar a las provincias disidentes", en referencia a Huelva, Jaén, Granada y Almería).

Casi 50 años después, durante la transición, los seguidores de sus ideales siguieron con la misma tónica. Primero, por convocar un referéndum para el que el pueblo andaluz ni estaba preparado ni había tenido tiempo de meditar. Y segundo, porque después de que la vía rápida para crear Andalucía (la del artículo 151) no funcionara, los andalucistas promovieron chanchullos y tejemanejes varios con tal de no esperar los cinco años que establece la ley para celebrar un nuevo referéndum.



Jaén: aquí se vota “por mis muertos”.

Para que la ratificación de la autonomía andaluza prosperara de acuerdo con los establecido en el artículo 151 de la Constitución (tal y como habían pedido los ayuntamientos de Andalucía), la mitad más uno de las personas censadas en todas y cada una de las provincias debería acudir a las urnas. Así pues, la abstención era un elemento activo a tener en cuenta, de hecho, hay que reconocer que los "síes" siempre ganaron ante los "noes", pero el tanto por ciento de participación fue el handicap durante este referéndum.

Durante la tarde-noche del jueves 28 de febrero, los andalucistas se llevaban la primera en la frente: ni en Jaén ni en Almería se había alcanzado la cifra requerida del 50 por ciento de electores. La forma precipitada de convocar el referéndum había jugado en su contra, ya que, entre otras cosas, no hubo tiempo de una actualización del censo. Esto quiere decir que se contó como abstención una buena parte de las personas fallecidas durante 1979.

De esta forma, durante la madrugada del 28 al 29 de febrero, se produjo la primera manipulación: el Ministerio del Interior corregía los censos de -única y exclusivamente- las provincias de Málaga, Granada, Jaén y Almería (o lo que es lo mismo: La Alta Andalucía).

Gracias a esta "limpieza", Granada aprobaba el proceso autonómico con un 52,62% de votos a favor mientras que Málaga lo hacía por los pelos: 50,77%. Sin embargo, en Jaén, pese a contar ya con una participación superior a la mitad, los "síes" se quedaban en un 49,35%.

Lo que más llamaba la atención en la tierra del ronquío era el alto porcentaje de votos nulos, sobretodo los consistentes en haber introducido dos papeletas con el mismo voto. Con la excusa de que las papeletas se adherían fácilmente unas a otras, estos votos fueron finalmente considerados como válidos. Tras esta nueva chapuza, en el segundo (y definitivo) escrutinio, Jaén alcanzaba el techo del 50%.




Almería: el auténtico pucherazo.

Por su parte, Almería dió de lleno la espalda al referéndum por la autonomía de Andalucía: la abstención en la provincia más alejada de Sevilla se fijó en cerca de un 54%. Bien es cierto que en algunos municipios se superó el 75% de la abstención, y en otros incluso no llegó a votar NADIE.

Así pues, ni eliminando a los facellidos del censo electoral, ni validando los votos considerados primeramente como nulos,... ni haciendo mil y una manipulaciones habría forma legal de incluir a Almería en Andalucía. De esta forma, la disidente legañosa bloqueaba el proceso autonómico andaluz.

Para solucionar esta situación hubo diferentes propuestas: desde volver a repetir el referéndum en Almería hasta la de hacer una lectura “forzada” del artículo 144 de la Constitución, según el cual, pese a no cumplir los requisitos, Almería podría ser incluída en la Comunidad Autónoma andaluza “por motivos de interés nacional”. Esta última opción comenzó a ser pactada por Rodolfo Martín Villa y Alejandro Rojas-Marcos. He aquí el primer ejemplo de un no-almeriense decidiendo por nosotros: Martín Villa, leonés y Ministro de Administración Territorial de la primera “era Suárez”. Y Rojas-Marcos, sevillano de ideales andalucistas y, en aquel momento, diputado del Partido Socialista de Andalucía.

Veintitrés de octubre de 1980. Habían pasado casi ocho meses desde el 28F y Andalucía todavía no existía. En Almería, la provincia responsable de que los andalucistas no descorcharan botellas de champán, el diputado de UCD Juan Antonio Gómez Angulo propuso una autonomía uniprovincial siguiendo el modelo de Cantabria o La Rioja. No era la primera vez que Gómez Angulo hablaba de algo diferente a una Almería andaluza: en 1978 ya había promovido una Región del Sureste formada por Almería y Murcia. Sin embargo, esta opción no fue del agrado de ninguna de las dos provincias, especialmente en la murciana, que se encontraba en proceso de constituirse como autonomía en solitario tras el “traslado” de Albacete a Castilla.
El bonito sueño de la Comunidad Autónoma de Almería duró poco, pues enseguida fue truncado por el “apaño” de Martín Villa y Rojas-Marcos... Los grupos políticos presentaron una proposición de ley por la que las Cortes Generales incorporaron a Almería a las otras provincias andaluzas "por motivos de interés nacional".

Un año más tarde, el 31 de Junio de 1981, se celebró el definitivo referéndum para aprobar el Estatuto. Meses después, el 11 de Enero de 1982 los andaluces tuvieron una nueva cita con las urnas, eligiendo a Rafael Escudero como primer presidente de la oficialmente constituida Junta de Andalucía.


28 años después.

¿En qué pensamos cuando se habla de Andalucía? Palmas, flamenco, feria, musho arte, arsa, pisha, kiyo y arriquitaun... ¿Representa esto a Almería y a los almerienses? La respuesta es clara y contudente: NO.

Desde Sevilla se ha construído una comunidad autónoma a su imagen y semejanza, privando a los almerienses de nuestra verdadera identidad cultural. Ahora en nuestra feria, las niñas llevan trajes de lunares; durante la Semana Santa, se escucha "¡al sielo con ella!", y el Carnaval de Almería (de grandísima importancia en su época) ha sido absorbido por el modelo gaditano...

El adoctrinamiento andaluz nos ha hecho creer que esta falsedad de región ha existido desde siempre. Incluso la han llegado a denominar de forma oficial como "realidad nacional". Mejor no hagamos un balance en infraestructuras porque sería para echarse a llorar... Tras la Exposición Universal de Sevilla en 1992, el Gobierno español dotaba a "Andalucía" (Sevilla y alrededores) de la autovía A-92 y de un tren de alta velocidad con Madrid. En Almería, sin embargo, se clausuraba sin ninguna razón la línea férrea con Murcia... ¿quisieron aislarnos de la región con la que se llegó a hablar de una autonomía? ¡Ah! Y la A-92 llegó a tierras almerienses en diciembre de 2002.

Es hora de luchar por nuestra cultura. Es hora de defender nuestros derechos. Es hora de plantearse sí nos conviene o no seguir formando parte de este invento autonómico. Es tiempo de acabar con el mito del almeriense tranquilo y pasivo... Cambiemos el curso de la historia que nos han impuesto: "almerienses, levantáos".

11 comentarios:

  1. Peaso de artículo macho. Me quito el sombrero. REGION DE ALMERIA YA!!!!!

    ResponderEliminar
  2. Muy buenas, tremendo artículo. Esto se tenia que enseñar en los colegíos. Te tengo que decir que me agrada ver que no soy un bicho raro y que gracias a blog como el tuyo o web como www.andaluciaoriental.es me doy cuenta de que lo que yo siento cuando me comparan con el resto de andaluces y nos meten a todos en el mismo saco como si fuesemos iguales, y estan muy equivocados, por que nos parecemos como un huevo a una castaña.

    Bueno, aquí tienes a un seguidor más que me voy hacer ahora mismo y nada..a seguir despertando conciencias.

    Carlos. Almeriense de 34 años.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias Muten y Carlos,
    como digo siempre, estos comentarios no hacen más que animarme a seguir escribiendo: sobre cultura, sobre historia, sobre almerienses ilustres,... y, por desgracia, sobre nuestra situación política.
    Pero todo es necesario para difundir el nombre de Almería en el contexto que se merece (o lo que es lo mismo, en un contexto no-andaluz).
    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. y me pregunta es ¿y que se puede hacer?..si estamos siendo absorbidos poco a poco por esa cultura, que no es la nuestra...el almeriense es apático, y preferimos que nos gobiernen otros que decidirán por nosotros lo que nos conviene o no.

    Aquí solo mostramos el derecho al pataleo...pero poco más.

    ResponderEliminar
  5. Me alegra encontrar estos pensamientos en la red, donde hay tanta manipulación en todos los sentidos. Yo soy granadino y me indigna enormemente la manipulación que se ejerce constantemente para dar una idea de Andalucía y de un sentir andaluz que no ha existido nunca. Cuando pienso que hasta casi mediados de siglo XX Almería, Granada,. Jaen y Málaga andábamos solas como Reino de Granada, al margen del Reino de Sevilla o Andalucía, imagino como hubiera sido nuestro presente si se hubiera respetado ese sentir y esa realidad histórica. Pienso, sin embargo que aún nos quedan opciones. No callar, transmitir la realidad de lo que ocurrió e intentar evitar que las nuevas generaciones sigan siendo adoctrinadas en lo "andaluz" y tal vez algún día podamos volver a constituirnos en lo que fuimos

    ResponderEliminar
  6. Excelente articulo, lleno de verdades que la gente desconoce.
    En Almería somos diferentes en muchas cosas...
    Por lo que a mi respecta, en la vida he participado en la semana santa, ni en ningun carnaval gaditano, ni me gustan nada las puñeteras comparsas que tengo que tragarme dos meses cada año en canal sur...
    Incluso nuestro acento almeriense es muy diferente, es neutro, tengo unos amigos con una tienda online, y venden por telefono en toda españa, y jamás averiguan de donde somos por nuestro acento, por telefono nadie nos identifica con andaluZes del ozu!!

    ResponderEliminar
  7. Estoy de acuerdo en todo excepto en "levantáos".

    Sólo trabajo y esfuerzo y no mirar a "nuestros hermanos andaluces", tenemos una identidad: Cultivamos desiertos, atesoramos bellezas naturales y trabajamos a pesar de que nos miran mal desde Sevilla.

    ResponderEliminar
  8. Una pena que todo este potencial que da ALmeria se lo lleven todos los andaluces, pero ya creo que es muy tarde para hacer nada...

    ResponderEliminar
  9. de puta madre el texto. Aqui tienes el apoyo de un malagueño

    ResponderEliminar
  10. Tio! Link en el grupo ya! que arte!! miarma! ,-). R.S.

    ResponderEliminar
  11. Conozco la historia de Almería en el perídodo musulmán y es una mutilación contar la historia sin explicar la importancia del Reino de Almería en el comercio de todo el mediterráneo porque fué la parte que más extendió la cultura del Al-Andalus, ya que Córdoba era interior y fué destruida en el año 1000 y Granada también era interior y no se construyo hasta que Almería fué destruida en una cruzada que cambió la historia de la primacía del sur del Mediterráneo sobre el norte que vivía sumido en la Edad Media.

    El el desarrollo de la industria de la seda y su comercio desde el siglo XIX fué el punto de inflexión que al pasar a Génova, Florencia y Barcelona e introducirse en el norte de Europa con la venta de esclavos del saqueo de Almería no hubiesen florecido posteriormente la burgesías en torno a la industria textil.

    Ocultar la historia de Almería hace que no defendamos la identidad propia y eso les permite a los políticos desde Sevilla seguir manejando un presupuesto para esquilmarnos.

    Si Sevilla tuviese que vivir de sus propios ingresos tendría que espabilar por primera vez en su historia porque hasta ahora sólo han vivido de la especulación sobre el oro y el trabajo de los demás.

    ResponderEliminar