lunes, 22 de febrero de 2010

28 DE FEBRERO: LA VERDADERA HISTORIA (parte I)

El 28 de Febrero de 1980 yo aún no había nacido. Sin embargo, durante mi infancia (descontando un importante paréntesis de cinco años en los que residí en Aragón) siempre me han hecho celebrar esa fecha: el día de Andalucía. En el colegio, durante los días previos a la efeméride, preparábamos ciertas actividades: murales temáticos sobre cada una de las provincias, banderas blancas y verdes, escudos de Hércules,... Cuando llegaba el 28, todos los cursos bajábamos al patio, se izaban las banderas de España y de Andalucía, y sonaba la canción de “andaluces levantaos”.

Es cierto que siempre he sido muy malo en historia... Pero tampoco es menos cierto que nunca me han explicado muy bien qué ocurrió el 28 de Febrero, quién fue Blas Infante y, en definitiva, cuál es la historia de Andalucía.

Pues bien. Hoy voy a resumir la historia de esta comunidad autónoma. La historia que nunca me contaron, los hechos de los que nadie habla y los acontecimientos que jamás se escribirán en los libros de texto. Pero quizá (y no dudo de ello) esta sea la verdadera historia de Andalucía.


Andalucía es una palabra que deriva de Al-Andalus. Este último fue el reino que los musulmanes instauraron en la Península Ibérica durante más de 700 años. El territorio de Al-Andalus nunca ha coincidido con el mapa de Andalucía.

El concepto de Andalucía nace cuando Castilla asedia al Reino Nazarí, o lo que es lo mismo, el Reino -musulmán- de Granada (compuesto por las actuales provincias de Málaga, Granada y Almería). El cinturón que bordeaba al Reino Nazarí era conocido con el nombre de Las Andalucías, y estas eran los Reinos de Jaén, de Córdoba, de Sevilla (las actuales Sevilla y Cádiz) y de Niebla (la actual Huelva).

Cuando los Reyes Católicos toman Granada en 1492, mientras Boabdil lloraba como un niño lo que no supo defender como un hombre, Fernando e Isabel mantuvieron la estructura territorial de España por Reinos. Así, el Sur del país seguía estando formado por los Reinos de Las Andalucías (Niebla, Sevilla, Córdoba y Jaén) y por el Reino de Granada.

En 1833, y basándose en el modelo francés de Napoleón Bonaparte, el Real Decreto de Javier de Burgos (Secretario de Estado de Fomento) establece la división territorial por provincias, siendo estas exactamente igual a las que conocemos ahora. Si bien, Javier de Burgos (granadino de Motril) incluye a las provincias de Granada (Málaga, Granada y Almería) como parte de Las Andalucías.

Durante la Primera República (1873 - 1874) el parlamento diferenciaba dos Andalucías: la Baja y la Alta. Andalucía La Baja era llamada así por estar en la depresión del Guadalquivir y a pocos metros sobre el nivel del mar. La componían las provincias de Huelva, Sevilla, Cádiz y Córdoba. Y Andalucía La Alta -en el nacimiento de dicho río, y de orografía más abrupta- era la formada por Jaén, Granada, Málaga y Almería. Pese a que la República apenas duró once meses, durante la restauración Borbónica se siguieron reconociendo dos regiones en lo que hoy día es una sola.


Los antiguos Reinos son -o deberían ser- el germen de las actuales comunidades autónomas. Pero de lo que no hay duda es que estas divisiones más o menos históricas son la madre de todos los sentimientos nacionalistas. Durante el siglo XIX se produce el principal desarrollo de los dos movimientos independentistas más importantes de nuestro país: el vasco y el catalán.

"Culo veo, culo quiero" , decía mi madre sobre mí cuando era pequeño. Como tontos -del culo- los hay de norte a sur, en Andalucía nos tocó al tito Blas... En 1918, el musulmán Blas Ahmad Infante, natural de Casares (Málaga), realiza unos estudios basados en quiénsabequé sobre una Andalucía única, creando las bases del andalucismo. Inventó una bandera basada en el verde del Islam y el blanco almohade, un escudo inspirado en el de Cádiz, y un himno adaptado de un canto religioso titulado “Santo Dios”. Ascendió en el poder político gracias a sendos partidos izquierdistas republicanos, y escribió el anteproyecto de estatuto de la región que denominaba como Mancomunidad de Andalucía.

Así, en 1933 se celebra la Asamblea de Córdoba. Un acto al que acudieron representantes de las ocho provincias andaluzas. Infante y sus simpatizantes trataron de imponer su ideal de la Andalucía única a toda costa, mientras que los asambleístas de Huelva, Granada, Jaén y Almería, y buena parte de Málaga y de Córdoba defendían intereses contrarios. De esta forma, ante la intransigencia del conocido como “Padre de la Patria Andaluza”, onubenses, jiennenses, granadinos y almerienses abandonaron la asamblea que, pese a ello, se celebró

Huelva quería unirse a Extremadura. Mientras que Jaén, Granada y Almería querían preservar la Región de La Alta Andalucía, o Andalucía Oriental. Málaga fue invitada a la propuesta oriental, pero la mayoría de sus representantes estaban del lado de su paisano...

Ideal, 31 de enero de 1933

En 1936 estalla la Guerra Civil, y tanto los ideales pro-nacionalistas de Blas Infante, como los regionalistas de Granada, Jaén y Almería chocaban con el concepto de la España única del Caudillo. De esta forma, los unos y los otros fueron fusilados... No obstante, 40 años después, solo el espíritu de Blas Infante parece haber emergido desde las fosas.

Lo que ocurrió el 28 de Febrero de 1980 ha sido la mayor mentira y manipulación política de estas más de tres décadas de democracia. La provincia de Almería, por segunda vez en su historia, le dio la espalda a Andalucía. Pero un “apaño” en el censo electoral, y una lectura forzada de los artículos de la Constitución que avalaban la elaboración de la autonomía hizo que Almería entrara de un indeseado empujón a una Andalucía que nunca le ha aportado nada positivo.

La imposición de una cultura, de un acento y de unas costumbres que no son las nuestras, por no hablar del arrinconamiento literal que sufrimos en materia de inversiones, son las lacras que Almería lleva sufriendo durante estos 30 años.

La segunda y última parte de esta historia, la que se centra única y exclusivamente en el 28F, estará colgada muy pronto en este humilde sitio web que, ahora sí y con mayúsculas, es: ¿POR QUÉ DEJÉ DE SER ANDALUCISTA?

3 comentarios:

  1. Muy bueno el artículo, con varias salvedades: Boabdil no lloró. Fue un invento del historiador Antonio de Guevara, obispo de Guadix y de Mondoñedo, para lucirse ante el emperador Carlos V... Etc.
    Los de Casares se "gentilician" como CASARIEGOS.
    Don Blas Infante, cuando se convirtió al Islam, (con todos los respetos del mundo para el Islam, no para don Blas), Se transformó en don Ahmed. Por lo que hizo con El Reino de Granada, nosotros lo conocemos como INFAME, porque nos hizo una infamia. Por ello, ruego que, en adelante, se le nombre por su apelativo correcto: DON AHMED INFAME.
    Por lo demás, muy bien el artículo. Muy sencillico, muy didáctico y muy fácil de comprender. Enhorabuena.

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  2. Muchas gracias, Leonardo. Presisamente lo sencillo y lo didáctico es lo que busco en este blog.
    Como amateur del asunto, sabía que podría tener ciertos fallos... Siempre he dudado entre Ahmad y Ahmed (lo he encontrado en Internet de ambas maneras). Tomo nota.
    También daba por hecho de que el Sr. "Infame" era de Ronda, y no de Casares (de hecho, tuve que rectificar partes del artículo).
    Lo dicho: gracias otra vez. Y ya estoy preparando la segunda parte...

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  3. Lo que nos sentimos despreciados por los señoritos de Sevilla, entendemos el posicionamiento, Almería tira del Carro Económico y el dinero de la Junta va a otro sitio. Tenemos la mayor flota de camiones pero no Autovias, no tenemos enlace por el mar a Málaga y Granada.

    Es una vergüenza que cuando salimos fuera nos tilden de "andaluces" en los negocios.

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