miércoles, 3 de febrero de 2010

EL CORTIJO DEL FRAILE SE CAE


"¡Huye! Es justo que yo aquí muera con los pies dentro del agua, espinas en la cabeza. Y que me lloren las hojas, mujer perdida y doncella".

Federico García Lorca inmortalizó con éstas y otras líneas el drama de un pasional crimen en el Cortijo del Fraile: Bodas de Sangre. Este enclave de Níjar es un pedazo de nuestra historia más reciente por el que el tiempo pasa y cuya muerte es cada vez más cercana... a menos que lo eviten iniciativas como la que tuvo lugar el 31 de Enero.


Durante la mañana del pasado domingo, unas 200 personas se concentraron ante este Bien de Interés Cultural convocados a través del grupo de Facebook "Salvemos el Cortijo del Fraile". Antonio Jesús Sánchez Zapata creó esta plataforma en la popular red social y, en muy poco tiempo, agrupó a más de 1.600 seguidores, entre los cuales se encuentran varias agrupaciones políticas y asociaciones culturales como "Amigos de La Alcazaba". A través de este mismo medio se partió y se convocó a los interesados en la protección del inmueble, cuyo escenario motivó, además de la célebre obra lorquiana, otros títulos posteriores como la novela Puñal de Claveles de Carmen de Burgos.


Si tomáis la desviación hacia San José, desde la autovía del Mediterráneo, podréis llegar hasta un pequeño y hermoso pueblo, Los Albaricoques. Unos metros más hacia el interior del Parque Natural de Cabo de Gata encontraréis el desolado enclave, de agreste belleza, que fascinó a otro escritor, Juan Goytisolo, cuando lo visitó y escribió Campos de Níjar. El Cortijo del Fraile también ha sido protagonista de cine, apareciendo en títulos como La Muerte Tenía un Precio.


No hay razones para dejar caer al Cortijo del Fraile. Si por sus habitaciones parecen pasear fantasmas, lo cierto es que los mayores espectros del lugar son los que, aún habiendo colgado el cartel de BIC (Bien de Interés Cultural), no han dado un sólo céntimo para la rehabilitación y restauración del monumento.

Y eso, y no otra cosa, es lo que exige una Almería unida, tal vez no tan numerosa como debiera, pero sí concienciada como pocas veces.

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